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    Empieza la vuelta al cole, los niños empiezan a pensar en volver a ver a sus amigos y a sus profesores después de este año tan raro que hemos vivido.

    Cuando finalizó el confinamiento se empezó a hablar de las medidas que habría que tomar para que la vuelta del año siguiente fuera segura para nuestros hijos.

    Durante todo el verano nadie se ha pronunciado, dejando toda la responsabilidad a las directivas de los colegios y a los padres. 

    Hemos pasado todo el verano pensando cual sería la decisión correcta: ¿llevar a tus hijos al colegio priorizando su educación o apostar por la educación a distancia siguiendo un criterio de prudencia?

    Tras muchos quebraderos de cabeza, intentamos pensar con lógica para tomar la decisión. Nos costó, pero la tomamos.

    En una revisión al pediatra le consultamos, teniendo en cuenta su experiencia como médico y lo que había vivido hasta el momento. Nos dijo que era muy posible que los coles no abrieran por la situación, lo que daba más peso a nuestra decisión.

    Según ha ido transcurriendo el verano, la mayoría de la gente se ha ido relajando, ocurriendo así los primeros rebrotes. Todo ha seguido como si no pasara nada y el covid ha seguido extendiéndose. No se han tomado las medidas necesarias y, a falta de unas semanas, tampoco veo un plan bien establecido.

    Hace poco hemos tenido que volver al médico para poner las vacunas a los peques y otra vez hemos vuelto a preguntar su opinión. En este caso nos atendió una persona distinta. Nos ha dicho que tiene que ir a la escuela, sino eso supondría un retraso de un año en su aprendizaje.

    Cuando ya lo teníamos todo atado, de nuevo aparecen las dudas y otra vez a replantear el tema.
    Después, ves las noticias, donde indican que si los niños no cumplen las medidas, el riesgo de contagio es superior que en el mes de marzo. 

    No creo que un niño de 4 años mantenga una distancia de 2 metros de los amigos que lleva sin ver durante meses o de la profesora que idolatra. Entonces piensas, ¿qué decisión vamos a tomar?

    Si pienso en enseñarlos yo en casa, me siento culpable.  Aunque me esfuerce y de todo de mi, no soy profesora y el aprendizaje no es el mismo, con lo que iría retrasado respecto a sus compañeros de clase.

    Si escogemos la segunda opción y va, me siento mala madre por llevarle sabiendo el riesgo que eso conlleva, tanto para él como para su hermana de 1 año.

    Además, ¿cuánto van a tardar en cerrar los colegios?, ¿una semana?, ¿un mes?. Y, ¿después qué pasará?, ¿van a ir cerrando los coles cada 15 días? No hay nada claro.

    Los que tengan niños con edades superiores a 6 años deben sentir mucha rabia e impotencia, ya que para ellos la asistencia es obligatoria. Al menos yo tengo la opción de elegir.

    Me siento como si estuviera en lo más alto de una montaña rusa, sabiendo lo que va a ocurrir, sintiendo el vértigo y la impotencia de no poder hacer nada al respecto.

    Me encantaría saber vuestra opinión sobre este tema, ¿qué tenéis pensado hacer?, ¿qué sentís al respecto?
    Soy toda oídos.
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    Me encanta la relación se crea entre un padre y un hijo.

    Desde que nacen es muy importante el contacto del padre al igual que el de la madre. 

    En nuestro caso en el nacimiento de mi primer hijo yo no pude hacer el piel con piel y lo hizo el padre.
    yo me quedé con una espinita, pero me alegro que los dos hayamos tenido esa experiencia, ya que yo la tuve en el segundo parto.

    La figura del padre actual no es como la de antes, que era más distante y quedaba en un segundo plano. Ahora están mucho más implicados desde el mismo momento en que se quedan "embarazados". Si bien es cierto no se puede comparar a la relación que existe entre madre e hijo, pero se asemeja bastante.

    En este ámbito tengo que decir que estoy más que encantada. Me gusta ver a los papis haciendo de papis como tiene que ser. Con el mío claro está, se me cae la baba.

    Ver a tu primer hijo recién nacido en brazos de la persona que más quieres es una sensación increíble, una mezcla de amor, ternura y orgullo.

    Desde que nació Óliver siempre lo he dicho y siempre lo diré, mis hijos tienen el mejor papá del mundo.
    Es paciente, inteligente, sacrificado... la lista es larga y me encanta que así sea.

    Que mis niños le tengan como referente me parece fantástico. Os contaré algo que nunca le he dicho a nadie: Si alguien me preguntara quien es mi referente, la persona que más me inspira para ser la mejor versión de mí misma, te diría que es él.

    Tengo mucha suerte de tenerle en mi vida y mucha más por ser el padre de mis hijos. Siempre lucha contra viento y marea, nunca se rinde.


    Cuando llega del trabajo el pobre suele venir bastante cansado y aún así no le importa jugar un rato con los niños y acostarlos. Después me pregunta qué tal el día, cómo estás hoy...

    Parecen tonterías pero el simple hecho de hacer esas simples preguntas denotan que se preocupa por mí.
    ¡Qué suerte tengo!

    El amor que hay entre los tres es totalmente mutuo. Cuando llega a casa los dos corren a la puerta con una sonrisa de oreja a oreja gritando: “papá”.

    Ahora que tiene unos días de vacaciones tienen mucho tiempo para pasarlo con los dos. Juegan, se les sube encima, comen helados juntos...

    Según va pasando el tiempo y los niños crecen van apareciendo nuevas aventuras y experiencias que no solo te pondrá a ti a prueba, si no a tu relación.

    Nosotros siempre nos hemos apoyado mutuamente y vamos levantándonos el ánimo según vayamos necesitando. La vida de papis, como bien sabréis, es muy difícil y cansada. Así que tener un compañero en el que refugiarse y confiar es un gran alivio.

    ¡Los papis unidos jamás serán vencidos! Jajaja

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    Cuando pensamos en experiencia y sabiduría automáticamente pensamos en ellos: los abuelos. Esas personas mayores que tanto enriquecen nuestras vidas. 

    Desde que somos tan solo unos bebés, los abuelos son una base importante en nuestras vidas. Nos acogen y nos quieren inmensamente. Se convierten en nuestros segundos padres.

    Hoy voy a dedicar este post a mis abuelos. A los que quiero con todo mi corazón.

    Cuando echo la vista atrás, veo tantísimos recuerdos en los que ellos aparecen... juegan y han jugado siempre un papel muy importante en mi vida.

    Muchas lecciones de la vida las he aprendido de ellos. El esfuerzo de superación, de ser mejor persona día a día ... 

    Una de mis abuelas me enseñó lo que es sacrificarse por la familia. Lo importante que es ayudar a los demás de forma desinteresada y lo duro que es estar al frente de una familia. Es una mujer increíble, para mi es toda una heroína. Nunca he conocido a nadie que sea tan buena con el mundo. 

    También voy a hablar de uno de mis abuelos, su marido, que perdí cuando era adolescente. Para mí era todo un referente. Una persona fuerte de aspecto muy duro que se ablandaba cuando aparecían sus nietos.
    Recuerdo que cuando había fútbol subíamos juntos a su habitación a verlo y a vitorear al Real Madrid.
    Era uno de nuestros momentos. 

    Mi otro abuelo me enseñó a montar en bici cuando yo tenía 7 años. Tengo la imagen en mi cabeza como si hubiera pasado ayer. Nos llevaba a mí, a mis hermanos y a mi primo a la piscina todos los días andando, ataviados con la toalla en los hombros y una gorra para el sol.

    Me enseñó el esfuerzo del trabajo bien hecho y me relató en muchas ocasiones su vida para que pudiera aprender de ella. Muchos de los consejos que nos daba los he aplicado a mi vida. Es un hombre tremendamente cariñoso con un corazón inmenso que da todo por su familia.

    Por supuesto, no puede faltar en este post mi otra abuela. Me enseñó a cocinar y a tocar algunos acordes con la guitarra. Me mostró el arte del flamenco y la zarzuela. También la disciplina, aunque tengo que decir que no era muy dura conmigo. Teníamos un poco de devoción la una por la otra. Hay una frase que me dijo cuando era muy pequeña que se me quedó grabada:

    "No hay horas suficientes en el día para hacer todo lo que quisiera, ahora eres muy joven y crees que el tiempo pasa muy lento, pero es al revés. Cuando te quieras dar cuenta la vida ya habrá pasado. Aprovecha bien las horas del día y dedícalo a lo que realmente te hace feliz"

    Como veis mi abuela era realmente sabia. Hoy en día la sigo teniendo muy presente y pienso mucho en ella. Siempre miro hacia el cielo y vuelvo a verla en mis recuerdos.

    En este momento en el que vivimos, las personas mayores son las más vulnerables y, por ello, las más aisladas. Sé que es muy complicado interactuar con ellos porque no queremos ponerlos en riesgo, pero tampoco podemos prescindir de su compañía.

    Si nosotros tenemos miedo cuando salimos e interactuamos con otra persona, te has parado a pensar ¿cómo pueden llegar a sentirse ellos? Una mezcla de no puedo con el deseo de abrazar a sus hijos, a sus nietos y a sus bisnietos.

    Seamos conscientes, por favor, de lo que conlleva saltarse las normas del covid. Todos estamos en peligro, pero ellos mucho más.  

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    Hoy os traigo 3 libros que a mi hijo le ayudaron mucho en la guardería y que hoy en día le seguimos leyendo. ¡Son sus 3 cuentos favoritos!

    TU Y YO, EL CUENTO MÁS BONITO DEL MUNDO











    ¡Sin duda, su favorito!

    Él dice que en este libro cuenta su historia y la de su hermana. Tiene unas ilustraciones muy chulas.
    Un cuento muy bonito para esos niños que tienen un hermano en camino.

    En esta historia el lector es el verdadero protagonista. Descubrirá todas las etapas por las que pasará, cómo gestionarlas y le hará comprender que no hay mejor regalo que un hermano.


    ¿DÓNDE ESTÁS OSCURIDAD?



     



    A la mayoría de los niños no les gusta la oscuridad y se quejan todo el tiempo de ella.
    Pero llega un día en que la oscuridad se harta de escuchar tantas quejas y se marcha.

    ¿Os imagináis cómo sería un mundo en el que no hay oscuridad?

    Al caer la noche llega el momento de irse a la cama. Los papás leen un cuento a los más pequeños de la casa, se despiden con un beso, apagan la luz y... aparece el miedo.

    Este libro relata cómo sería un mundo si la oscuridad no existiese y hace comprender al niño que no hay nada que temer y que es muy necesaria en nuestras vidas. 


    THE STORY OF THE LITTLE MOLE




                                      




    Hablemos sobre....

    Este cuento trata con normalidad y de forma muy divertida la caca.
    Los niños pierden la vergüenza para pedir caca cuando lo necesitan y hace el paso al orinal más sencillo y divertido.

    Este libro lo tenemos en inglés, pero también lo venden en castellano.


    Los 3 libros lo podéis encontrar tanto en librerías físicas como online. Yo os dejo los enlaces de Amazon.

    Tu y yo, el libro más bonito del mundo

    ¿Dónde estás oscuridad?

    El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza




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    Hoy en día vivimos una vida muy acelerada y algo agobiante, pasamos por ella casi de pasada. No nos paramos a pensar en nada que "no sea importante".

    Creo que debido a esta pandemia que seguimos viviendo, la sociedad empieza a entender qué es lo que verdaderamente importa. Intentamos estar más tiempo con la familia, disfrutar de las pequeñas cosas...

    Pero también es cierto que al observar a la gente me doy cuenta que aún seguimos demasiado acelerados. Quieres estar en todos lados, dar el 100% en tu trabajo y en tu casa, eso no es posible.

    Ese nerviosismo que nosotros, los adultos, sentimos lo traspasamos sin darnos cuenta a los niños. 

    Toda la vida se le ha dado mucha importancia a la salud física, no solemos tener en cuenta nuestra salud mental. Nuestro cerebro se pasa todos los días del año pensando en mil cosas al mismo tiempo.

    Damos descanso a nuestro cuerpo y buscamos la forma para descargar, pero ¿por qué no darle un respiro a nuestra mente?

    Una buena herramienta puede ser la meditación que, como el tan conocido mindfulness, consiste en tener nuestra mente en un solo pensamiento o acción para así hacer descansar la mente y conseguir vivir el presente de forma consciente.

    Nunca te has parado un instante en un parque, por ejemplo, has cerrado los ojos y has empezado a sentir la arena bajo tus pies, el sonido de los pájaros... esas cosas que no son "importantes".

    Pues yo te diría que en las pequeñas cosas es donde realmente encuentras la felicidad. Que esas pequeñas experiencias que ni siquiera notamos son las que dan paz y las que te arrancan una sonrisa en momentos en los que necesitas una.

    Paremos un poco y empecemos a vivir de verdad.

    Como te cuento en otro post esta práctica tiene infinidad de beneficios para nuestra salud, ¿por qué no enseñamos a los niños a usarla?

    Ellos tienen sus propios dilemas, aunque a nosotros no nos parezcan problemas "reales" también tienen mucho en qué pensar y muchas emociones que controlar sin tener ni idea de cómo hacerlo. Démosles una herramienta para poder tener una vida más tranquila.

    Yo tengo unos niños muy nerviosos, y a raíz de este confinamiento lo son más que nunca. Así que me he estado informando de los beneficios de la meditación en niños pequeños, ya que a mí me ayuda mucho en mi día a día. 


    BENEFICIOS EN NIÑOS

    • Favorece la concentración
    • Autocontrol
    • Potencia la creatividad
    • Mejora el uso de la inteligencia
    • Ayuda a afrontar experiencias complicadas


    He encontrado una aplicación que vale para todas las edades. Tiene un apartado para padres en la que encontrarás un montón de cosas para niños y adolescentes.

    En ella verás meditaciones, música relajante, cuentos... para mí ha sido todo un descubrimiento.

    Lo mejor de todo es que tiene mucho contenido gratis. ¿Su nombre? Insight Timer 

    Espero que esto te sirva a ti también y que podamos enseñar a los niños qué es lo que importa de verdad.




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    Toda mi vida desde que tengo uso de razón siempre tuve un sueño: ser madre



    Cuando era pequeña jugaba a estar embarazada, me pasaba con mis muñecos todo el día a cuestas como si fueran bebés de verdad, incluso soñaba con el momento del parto o con un niño que me llamara mamá.

    Según iba creciendo mis ganas de convertirme en madre eran mayores, pero la realidad es que cuando tenía un niño delante de mí era otra historia.

    En muchas ocasiones cuando los atendía en el trabajo lo cierto es que no tenía ni idea de cómo hablarles o qué hacer para que no lloraran. si eso pasaba entraba en pánico. 

    Los peques se me daban muy mal. En el momento de convertirme en madre tenía muchas dudas y muchas preguntas sin respuesta.

    Veía a mi alrededor y todas las mujeres tenían un instinto muy desarrollado. ¿Por qué yo no? En cuanto veían a un bebé todas iban corriendo a verle, hacerle carantoñas, incluso a cogerle para jugar con él. Yo me quedaba ahí de pie como una verdadera estatua. Como veis era todo un caso.

    Me quedé embarazada y mi embarazo fue una experiencia increíble que por mucho que lo cuentes no hay palabras para describir esa sensación. ¿Cómo puedes querer tanto a alguien sin siquiera conocerle?
    Pero en muchas ocasiones dudaba de mí misma y de mi capacidad para enfrentarme a lo que se avecinaba.


    El día que di a luz fue muy raro para mí. Fue por cesárea ya que venia mal colocado. Me lo sacaron, lo vi 3 segundos y no lo volví a ver hasta 3 horas después. esa sensación de sentirte vacía y no tenerlo en tus brazos... fueron las 3 horas más largas de mi vida.

    Al llegar a la habitación ya estaba vestido, había hecho el piel con piel con el papá... Eso me marcó mucho.

    Cuando por fin podía tenerle en mis brazos la sensación era extraña, estaba muy feliz y muy rara al mismo tiempo. Recuerdo unas palabras muy sabias que me dijo alguien muy cercano, no de forma exacta pero decía algo así:

    "No idealices el momento del parto porque cuando llegue no será como esperabas. Te sentirás muy rara cuando le tengas en tus brazos"

    Cuánta razón hay en esas palabras.

    Al día siguiente me costaba un mundo levantarme, por lo que también me perdí su primer cambio de pañal y su primer baño. Me lo estaba perdiendo todo, no era capaz de ocuparme de mi propio hijo. Así es como me sentía: la peor madre del mundo. 

    Al llegar a casa y estar mi chico y yo a solas con el niño la cosa fue cambiando, pero me costaba todo un mundo. Por si fuera poco la lactancia no era nada fácil y no se enganchaba, así que tenía que reforzar con bibe por estar bajo de peso y me sentía aún peor.

    Hasta que llegó la noche y empecé a darle el pecho. El papá dormía y estaba sola ante el peligro jajaja.
    De repente se enganchó a la primera, debía tener mucha hambre.

    Pues fue ahí, en ese preciso instante en el que todo cambió. Le miré, él me miró y una pequeña lágrima recorrió mi mejilla.

    Todo el miedo, la frustración y ese sentimiento de no poder con lo que se venía desapareció. Empecé a sentir algo muy distinto: amor profundo, de protección... no podía creerlo. Él estaba hecho para mí y yo para él. Las cosas ya tenían otro sentido.

    Los días pasaban y mi seguridad aumentaba. Hacía cosas sin siquiera tener que pensarlas. Era algo fuera de lo normal. Como si mi bebé hubiera estado conmigo siempre. 

    Me alegro tanto de haber hecho lactancia materna... esos momentos eran solo nuestros, de nadie más.

    La naturaleza es muy sabia y te da lo que necesitas en el mismo momento en que lo requieres.






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    Recuerdo como si fuera ayer el día en el que me enteré que iba a ser madre por primera vez. No cabía en mí de la felicidad que sentía.

    Ya han pasado 4 años desde entonces. Mi segundo embarazo no fue hace nada, mi chica cumplirá un año en poco tiempo.

    Me acuerdo cómo le dimos a Óliver la noticia y cómo se pasaba todo el día tocando y besando mi tripita.
    ¿Por qué va todo tan rápido?

    Me da la sensación que el tiempo se escapa de mis manos. 
    Retengo todos aquellos recuerdos en mi memoria y en mi corazón. 

    He podido estar a su lado para verlo todo bien de cerca y siempre pienso que no es suficiente. ¿No puedo parar el tiempo?

    Me digo a mi misma cada día que tengo mucha suerte, que aunque todo vaya muy deprisa y haya momentos que no volverán todavía quedan muchas experiencias que vivir a su lado.

    Veo a Óliver como un hombrecito enamorado de los animales y los bichos. Tengo 2 perras y si regaño a alguna por cualquier cosa, él se pone delante cual guardaespaldas.

    Una cosa que me gusta mucho de él es que no distingue entre cosas de chica o chico. Le gusta el color rosa y la purpurina, pero también los coches y Spiderman. Si a todo eso le sumamos lo sensible y cariñoso que es... ¡Me lo como!

    Qué decir de mi chica que va creciendo a pasos agigantados. Eso de tener un hermano mayor se nota. 

    Sigue a Óliver a todos los lados. Si él pinta, ella también, si él juega a la pelota, ella también.

    Óliver es el espejo en donde mirarse. Le idolatra de una forma que ni te imaginas. Es increíble ver el amor que hay entre hermanos. 

    Cuando India llora por algo, Óliver va a calmarla ya sea con un chupete o con su juguete favorito.
    A veces no pueden estar juntos ni tampoco separados.

    Todos los días al despertarnos nos preguntamos cómo hemos pasado la noche y nos damos un beso.

    Cuando ella le ve aparecer, va corriendo para darle su beso de buenos días y se funden en un abrazo. 

    Ella todavía es muy chiquitita, pero ya va sacando su carácter,  la encanta estar con las perras y hablarlas en su idioma. Es muy gracioso verlas juntas. También es super cariñosa y cuando te abraza y te da un beso te derrites por completo.

    Estos dos enanos me tienen  la cabeza loca y al mismo tiempo completamente enamorada. Nunca he sentido un amor tan grande que además va creciendo cada día.

    Tengo mucha suerte de ser mamá y tener a estos dos peques en mi vida.




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    Imagen de shutterstock.com


    Creo que este confinamiento ha sido nuestra prueba de oro en cuanto a lo de ser padres se refiere, al menos para mí.

    Antes de todo esto pensaba que mi manera de educar era completamente correcta, pero no del todo. Siempre he intentado mantener los nervios cuando mi hijo mayor me la montaba, al principio todo bien, pocas veces le he dado un pequeño azote en el culo o le he castigado sin algún juguete. 
    En el confinamiento todo eso cambió.

    El primer mes fue todo muy bien, hacíamos actividades del cole, otras que nos inventábamos nosotros para jugar. Le explicamos varias veces por qué no se podía salir, ir al cole o ver a la familia y lo entendió.

    Según pasaban las semanas la cosa se iba tensionando, él tenía mucha energía que no podía quemar, se aburría de todas las actividades, juegos y de sus juguetes. Todo le parecía poco,  quería ir al parque a jugar.

    Seguía pasando el tiempo y empezó a echar de menos a sus abuelos, tíos, etc. No comprendía por qué no podía verlos, él pensaba que era cosa nuestra. Su nerviosismo aumentaba y el mío también.

    Empezó a portarse bastante mal. Yo dedicaba toda la mañana a recoger, limpiar, ect. y él después iba por cada habitación de la casa a destrozar absolutamente todo. Se reía, me retaba. 

    En un comienzo tenía paciencia, pero cada vez menos. Así que no paraba de gritar y regañarle sin darle la oportunidad de arrepentirse e intentar buscar una solución por sí mismo. Mi estrés era tal que había ratos en los que lloraba, no sabía cómo enfrentarme a todo esto, tenía que buscar ayuda externa.

    Ahí fue el momento de documentarme bien y actuar. Leí libros de crianza de pediatras y psicólogos, artículos y opiniones de mamis en la misma situación.

    Cambié el chip y me puse manos a la obra. La tarea era difícil, pero no imposible. Me costó bastante estar serena y hacer lo correcto, pero gracias a la meditación conseguí estar más tranquila en esos momentos de tensión.

    A día de hoy todo ha cambiado y no hace tanto tiempo de aquel terremoto de emociones. Yo soy más feliz y mis hijos también. Seguramente mis vecinos también lo sean, jajaja.
    Estoy muy contenta de haber cambiado mi actitud ante este tipo de problemas y saber que soy mejor madre. 

    Nadie nace sabiendo y los niños te ponen en un tipo de situaciones en las que no sabes cómo debes actuar y siempre recurrimos a nuestra propia infancia. Nuestros padres nos educaron lo mejor que pudieron, pero eso no significa que sea la mejor forma. Siempre se puede mejorar y de qué mejor manera que convirtiéndonos en los mejores padres que podamos ser, recurriendo a ayuda externa si lo necesitamos, siendo la mejor versión de nosotros mismos.

    EMPECEMOS EL CAMBIO


    Lo primero de todo es mantener la calma, ya que los niños suelen liarla bastante y lo primero que solemos hacer es gritar.

    No hay que olvidar que los niños son niños y que ellos están en un constante aprendizaje y además harán cualquier cosa para atraer la atención de sus padres.

    Ya sea por cosas buenas o malas, a ellos eso les da igual con tal de tener a sus papis bien cerquita. 


    Respira profundamente y pregúntale por qué actúa de esa manera. Te contará su versión de la historia y cómo se siente.

    Dale la oportunidad de rectificar y pensar lo que puede hacer para arreglar el lío que ha montado, ofrécete a ayudarle y dale a entender que sus sentimientos y su opinión importa. Si aún así no colabora, ahí es el momento de poner un límite.
     
    Siempre hay que intentar en la manera de lo posible no gritar ni pegar aunque solo sea un azote. El castigo físico no sirve para nada, solo conseguirás frustración tanto para ti como para el niño. 

    Todo esto es muy complicado, mantener la compostura, no perder los nervios. Busca algo que ayude a quitarte el estrés y la tensión acumulada para no explotar en ese instante. El yoga y la meditación puede ser la clave para ello.

    En esos momentos hay que ponerse en el lugar del niño y pensar cómo te sentirías tú en esa situación. Los niños solo buscan tu afecto y atención, recuérdalo.




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    Sobre mí


    ¡Hola! soy Eva y me definiría como una persona soñadora, empática y luchadora.

    Conseguir que los niños tengan una buena infancia puede ser la clave para que este mundo sea mejor para todos.

    Me gusta la naturaleza, los animales y, por supuesto, los niños.

    Tras muchos años de trabajo y estudios en busca de lo que me apasionaba profesionalmente, he llegado a una conclusión: Lo que me hace vibrar son mis peques.

    Poder verlos crecer, evolucionar y poder estar ahí en cada paso que dan es lo mejor de mi vida.

    No es un trabajo fácil y, por eso, he creado este blog: para ayudar a mamis como yo a que su día a día sea un poquito mejor.

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